Frases de Borja Vilaseca

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Borja Vilaseca nació en Barcelona en 1981. Como periodista se ha especializado en temas de responsabilidad personal, liderazgo y economía consciente.

Creador del Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo de la Facultad de Economía de la Universidad de Barcelona, desde el 2009.

También es socio fundador de la consultora Koerentia, especializada en acompañar a empresas en su proceso de autoconocimiento, desarrollo y liderazgo organizativo.

Comenzó a averiguar el porqué del vacío existencial que suelen experimentar los seres humanos, en ese contexto, en 2005 asistió a un curso de eneagrama que significó un punto de inflexión en su búsqueda. Desde entonces, estudió por su cuenta sobre estos temas.

En 2006 comenzó a impartir cursos y conferencias, y en 2008 publicó su primer libro, Encantado de conocerme (Plataforma).

A continuación te dejamos algunas de las frases de Borja Vilaseca.

Cuando juzgamos a alguien, no queda espacio para comprenderlo.
La felicidad no tiene nada que ver con el bien-tener, sino con el bien-estar. Es decir, con la sensación interna de estar bien contigo mismo, independientemente de cómo sean tus circunstancias externas.
Irónicamente, no es que la realidad sea cruel con nosotros, sino que nosotros nos comportamos como auténticos tiranos con ella. De hecho, en general tratamos fatal a la realidad. Desde un punto de vista existencial, somos todos unos maltratadores. La criticamos constantemente y muy pocas veces la aceptamos tal como es. Estamos tan defraudados con ella que la queremos cambiar, adecuándola a nuestro sistema de creencias. Es decir, a cómo cada uno cree que debería ser.
Aunque no lo parezca, ahora mismo todo está bien.
La verdadera causa de nuestro sufrimiento e infelicidad reside en creernos lo que pensamos acerca de lo que ocurre. Es decir, en apegarnos y engancharnos a dicho pensamiento, creyéndonos ciegamente la historia que nos cuenta sin comprobar previamente su veracidad. De ahí la importancia de ser conscientes de los pensamientos que van apareciendo por nuestra mente. En eso consiste vivir despiertos: en diferenciar entre la situación que está aconteciendo en cada momento -la cual es siempre neutra- y lo que pensamos acerca de ella, lo cual es una distorsión subjetiva.
Si alguien nos saca de quicio o cuenta con algún rasgo de personalidad que no soportamos es que es un maestro espiritual para nosotros. También lo son todos aquellos a quienes deseamos cambiar para adecuarlos a como nosotros consideramos que deberían ser. Eso sí, que alguien nos caiga mal no quiere decir que sea un maestro espiritual. Tan solo lo es si provoca que reaccionemos impulsivamente y nos perturbemos al interactuar con él. Por más que tendamos a demonizar a este tipo de personas -llegando en casos extremos a apartarlas de nuestra vida-, lo sabio consiste en aprovecharlas para nuestro propio desarrollo espiritual.
La vida quiere que aprendas, que evoluciones, que crezcas. No te da lo que tú quieres, sino lo que necesitas.
No necesitas nada de tus padres para ser feliz.
La vida quieres que aprendas, que evoluciones, que crezcas. No te da lo que tú quieres, sino lo que necesitas.
Confía en lo que no puedes ver y empezarás a sentirlo, comprométete con eso que sientas y conseguirás verlo de verdad.
Somos cien por cien cocreadores y corresponsables de nuestras circunstancias.
No hay que pasar tantas horas en el trabajo para ser productivos.
La auténtica aceptación nace de una profunda comprensión y sabiduría acerca de por qué eres como eres, por qué los demás son como son y por qué el mundo es tal como es.
No ves el mundo como es, ves el mundo como tú eres.
Muchos jefes pagan su malestar con los empleados, demostrando así sus carencias.
El dolor es un motor y trae grandes regalos, pero hay que saber aprovecharlo.
Todo lo que nos ocurre sea bueno o malo, está ahí para que aprendamos algo de nosotros mismos.
La sabiduría no puede enseñarse. Nadie puede recorrer el camino por ti. De ahí que si de verdad anhelas un profundo cambio en tu vida, es esencial que te comprometas contigo mismo.
El miedo al cambio es la gran parálisis de esta sociedad, porque tenemos mucho miedo a mirar en nuestro interior.
Lo que crees es lo que creas.
La verdadera razón por la que aparentemente somos seres tan sociables no es nuestro amor por la sociedad, sino nuestro profundo miedo a la soledad. En demasiadas ocasiones preferimos estar mal acompañados que solos, compartiendo encuentros banales e intrascendentes -llenos de ruido, evasión y narcotización- con personas que tampoco saben ni quieren estar solas. No hay peor soledad que la de sentirnos solos estando rodeados de gente.
No podemos cambiar lo que sucede, pero sí mirarlo de otra manera.
Si algo he aprendido es que «verdad», «sabiduría» y «amor» son sinónimos. Y su denominador común es que no pueden enseñarse. Principalmente porque no tienen nada que ver con la información, el conocimiento o la erudición. De ahí que no los puedas obtener de ningún profesor ni tampoco tomarlos prestados de ningún gurú. La única manera de que comprehendas la verdad, seas sabio y aprendas a amar es viviendo experiencias profundamente transformadoras. Nadie puede recorrer este camino por ti. Absolutamente nadie.
No eres responsable de la felicidad de tus padres.
Por más dura y horrible que pueda parecernos una determinada circunstancia en un momento dado, cada ser humano es correspondiente con lo que está viviendo. A nadie le sucede nada que no le corresponda para aprender. Cualquier situación adversa que afrontamos contiene siempre una valiosa lección oculta. Desarrollarnos espiritualmente pasa por detectarla y aprovecharla para nuestra transformación interior. No en vano, todo lo que nos sucede en la vida es justamente lo que necesitamos para despertar y reconectar con la chispa de divinidad con la que nacimos.

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