Frases de Juliana de Norwich

Juliana Norwich

Juliana de Norwich fue una monja benedictina y destacada escritora inglesa venerada por la Iglesia Católica, la Iglesia de Inglaterra e Inglesa Luterana.

Es reconocida como la primera mujer en escribir directamente en el idioma inglés.

Lamentablemente se conoce muy poco de su obra. Es tan escaso el conocimiento sobre Juliana, que incluso su nombre es incierto.

El nombre que conocemos proviene de la iglesia “San Julián”, en Norwich, en la que ocupada una celda de anacoreta.

Vivió durante la época de las cruzadas, época en donde gran parte de los hombres eran monjes, clérigos o participaban de las guerras y gestas militares.

Esto provocó un considerable incremento de la población femenina que optó por la vida religiosa, monástica e incluso muchas de ellas reclusas por decisión propia. Juliana de Norwich fue una de ellas.

A pesar de la complicada época en que vivió, su teología siempre se mostró optimista, hablando del amor a Dios, desde la alegría y la compasión frente a la ley y el deber.

Su teología era única en tres aspectos: vista del pecado, su creencia de que Dios es todo amor y no, ira y su visión de Cristo como madre. De acuerdo con Juliana, Dios es nuestra madre y nuestro padre.

Esta idea también fue desarrollada por Francisco de Asís en el siglo XIII. La teología feminista en el siglo XX y XXI se ha desarrollado de forma similar.

Una de sus grandes obras se titula “Dieciséis Revelaciones del Amor Divino“, libro en que plasma una serie de visiones y revelaciones que sufrió durante el transcurso de una complicada enfermedad que padeció a los 30 años, estando al borde de la muerte.

Dejamos para ti, esta recopilación de frases de Juliana de Norwich:

Porque yo no veía la ira, excepto en la parte del hombre, y perdona en nosotros, porque la ira no es más que la perversidad y una oposición a la paz y al amor.
Todo irá bien, y todo irá bien, y toda clase de cosas irán bien.
¿Debo creer, por ser mujer, que no habría de hablaros de la bondad de Dios, habiéndome sido revelado al mismo tiempo que era su voluntad que fuera conocida?
La primera la memoria de la Pasión. La segunda una enfermedad corporal. La tercera recibir de Dios tres heridas (…) la herida de la verdadera contrición, la herida de la compasión de amor, y la herida de anhelo de la voluntad de Dios.
El pecado es necesario, pero todo acabará bien, y todo acabará bien, y cualquier cosa, sea cual sea, acabará bien.
Dios no perdona, ama.
Así que Jesucristo, quien establece lo bueno contra lo malo, es nuestra madre real. Le debemos nuestro ser – ¡y ésta es la esencia de la maternidad! – Y toda la protección deliciosa y amorosa que siempre le sigue. Dios es realmente tanto nuestra Madre como nuestro Padre.
Así que Jesús es nuestra verdadera Madre por naturaleza en nuestra primera creación, y es nuestra verdadera Madre por gracia al asumir nuestra naturaleza creada.
Una madre puede dar a su niño leche para succionar, pero nuestra querida madre Jesús puede alimentarnos consigo mismo, y lo hace cortés y tiernamente con el santo sacramento, que es el alimento preciado de la vida misma … La madre puede sostener al niño tiernamente contra su pecho, pero nuestra tierna madre de Jesús puede familiarmente llevarnos a su bendito seno a través de su dulce costado abierto …
El que hizo todas las cosas por amor, por ese mismo amor las guarda y las mantendrá hasta el fin.
No temas la soledad. También puede ser fecunda, fraterna y misionera.
No olvides nunca que nada ni nadie es demasiado insignificante para Dios.
Deja que Dios sea Dios y todo lo demás se reordenará (incluido el pecado).

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