Frases de Las lágrimas de Shiva

Frases de las lagrimas de shiva

El libro “Las lágrimas de Shiva” es una novela de misterio de César Mallorquí, publicada en el año 2005.

La trama central es protagonizada por Violeta y Javier, dos jóvenes personajes.

Está ambientada en la España de 1969, año donde se dieron acontecimientos mundiales de trascendencia, como la llegada del hombre al suelo lunar con el Apolo 11, y año además donde estaría gobernando el dictador, Francisco Franco.

Una combinación entre aventura, fantasía, drama e intriga. Pero, sobre todo, emociones: durante su estancia en Santander, Javier vivirá aventuras y aprenderá valiosas lecciones como el significado de la amistad, el amor, el odio y la libertad.

Te dejamos una selección de algunas frases célebres que nos deja esta obra:

Desde el principio fueron como el fuego y la yesca; estaban destinados el uno al otro.
Las caricias son más fuertes que los golpes.
Descubrí muchas cosas aquel verano, y no sólo un collar perdido. Descubrí que el Paraíso puede encontrarse en el tacto de una piel suave, que las caricias son más fuertes que los golpes, que los besos pueden hacerte volar; descubrí que había sentimientos insospechados en mi interior que se puede reír y llorar al mismo tiempo, que es tan excitante querer como ser querido; descubrí, en definitiva, algo tan simple y tan complejo, tan vulgar y tan extraordinario, tan dulce y tan amargo, como el amor.
Opté por simplificar la verdad, que es una forma como otra cualquiera de mentir.
Y el compás de la Luna daba cuerda para siempre al reloj de las mareas.
Y eso es lo que aprendí, que siempre hay una causa para lo que hacemos, que todos tenemos nuestros motivos” Se refiere a que nosotros no hacemos las cosas porque si, sinó que tenemos nuestros motivos.
Así es la justicia de los burgueses.
El segundo principio de la termodinámica implica que todo […] acabará deteniéndose. Si te paras a pensarlo, resulta un principio deprimente. No me gusta, es como una condena a muerte sin posibilidad de indulto. Supongo que, ante una ley universal como ésa, uno debería resignarse, pero no me da la gana quedarme cruzado de brazos.
A veces los sentimientos son tan intensos que duelen.
Teníamos la misma edad, pero Violeta era infinitamente más sabia que yo.

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